Mi primer día en Bruselas (Albert Hotel).

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Todo comienza un viernes cualquiera del mes de marzo de 2017. Mi novia y yo llegamos a Bruselas sobre las 23:30. Después de tener un viaje en avión más o menos tranquilo. Nuestra primera impresión fue buena. A pesar de nuestra desorientación, normal ya que era nuestra primera vez en la capital de Europa, quedamos impresionados.

El Aeropuerto de Bruselas no es muy grande pero tampoco es pequeño, diría que es lo normal teniendo en cuenta las dimensiones de la ciudad. Lo que llamó nuestra atención, según salimos del avión, fue el aspecto. Estaba totalmente desierto, supongo que por las horas, pero parecía un bonito y lujoso centro comercial aunque todas las tiendas estaban cerradas.

Nada más salir del «control de aduanas», por llamarlo de alguna forma ya todos los pasajeros de aquel vuelo salimos sin ningún tipo de control, nos dirigimos a la terminal de trenes. Una vez allí, logramos situarnos y hacer la que sería nuestra primera transacción en suelo belga. Compramos los billetes de de tren con destino a la estación norte y nos dirigimos al andén.



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Había varios andenes y en los monitores, al menos para nosotros, no estaba muy claro cuál nos correspondía. Preguntamos a dos amables guardias que caminaban por el andén de enfrente que, tras descifrar nuestro balbuceo en inglés nos indicaron que debíamos subir al tren que ya estaba en nuestra vía (nuestra primera toma de contacto).

En el trayecto, desde el aeropuerto hasta la estación norte, comentamos los aspectos del viaje, nos hacíamos una pequeña idea de lo que nos esperaba, lo cansados que estábamos ya que a pesar de no haber sido un viaje muy largo, habíamos trabajado ese día. A penas habíamos merendado algo antes de salir y ya el cuerpo nos pedía la cena. Todo mientras por megafonía se transmitía un mensaje cada cierto tiempo del que no nos enteramos absolutamente nada. Suponíamos que era información relativa a las estaciones.

Llegamos a la estación norte, hasta aquí todo iba perfecto. Habíamos logrado llegar al tren desde el aeropuerto, cogimos el último por los pelos y no nos habíamos perdido. ¡Fenomenal!

Al llegar a nuestra parada y bajar del tren todo empezó a cambiar. Encontrar la salida de la estación fue un pelín complicado. Como en el aeropuerto, la estación estaba un poco desierta. Sólo se Alcanzaba a ver, según salimos, a algún marginado vagando por los bancos, un pequeños grupos de personas realizando lo que parecía un mini-botellón y una estación en un estado, cuanto menos, lamentable. Parecía que no se invertía mucho en el cuidado de la estación, había basura por todos lados y había un olor muy similar al que suele haber en los lugares próximos a los frecuentados por borrachos.



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Logramos salir de la estación y pensamos que todo lo que habíamos visto podría ser fruto de las circunstancias. Era viernes, tarde de la noche y probablemente todo se normalizaría al día siguiente o el lunes cuando vuelve la actividad como pasa en otros lugares.

Maleta y mapa en mano empezamos a caminar en busca de nuestro Hotel. Habíamos reservado habitación en Hotel Albert. Según las indicaciones, estaba a pocos minutos andando desde la Estación Norte, así que nos dispusimos a andar… A pocos metros, nos encontramos en un punto de la Ciudad un poco extraño, parte estaba en obras, habíamos pasado por un túnel pequeño muy del Bronx y nos aproximábamos a las puertas de un barrio de los que a esas horas dan un poco de miedo. Nada parecido a lo que nos esperábamos pero continuamos el recorrido buscando alguna calle que nos ayudara a situarnos en el mapa. Andábamos un poco perdidos…

 

Caminando por algunas de las callejuelas nos encontramos con un señor, el único con aspecto belga de toda la zona, y que al vernos liados con la guía, amable y voluntariamente se ofreció a ayudarnos. No estaba muy bien de la vista y le resultaba imposible situarse en el mapa así que prefirió indicarnos utilizando un viejo método. Cogió boli y papel y nos hizo una especie de croquis que junto a su explicación nos debería de haber servido para llegar a nuestro destino.

Muy agradecidos con el señor, seguimos nuestro camino. Atravesamos aquel barrio peligroso en el que, entre otras cosas, vimos mucho movimiento «clandestinos». Parecía un barrio al margen de la ley. En casi toda la calle había escaparates con chicas intentado vender sus encantos a tipejos que merodeaban la zona. Tipo Barrio Rojo pero un poco más a lo cutre, una imitación barata.

Al salir con vida y sin un rasguño de aquel tétrico barrio y después de una prolongada caminata, llegamos a una avenida, justo a donde llegaríamos según lo poco que entendimos de todo lo que nos dijo el señor en su Intento de guiarnos con su limitado pero muy útil inglés.

Allí preguntamos a una pareja joven que paseaba en bici, algo muy normal para los belgas que al parecer no les baja de una bici ni lo tarde que era, ni el frío que hacía. No era mucho el frío pero el suficiente para no tener ganas de salir a la calle a pedalear. Esta pareja, con un inglés más fácil de entender para nosotros, corrigieron nuestro rumbo dándonos las indicaciones definitivas para alcanzar nuestro objetivo (llegar a Albert Hotel) percatándonos en la despedida que la chica pilotaba el español. Lo llegamos a saber antes y nos entendemos a la primera.

Como bien nos había dicho la joven pareja, a pocos metros encontramos el «Hotel Albert» ¡por fin llegamos! En la recepción nos recibió un señor. Realizamos el Checking y nos indico como ir a la habitación. Había que salir para ir al edificio contiguo, pasar por una puerta que abría la tarjeta del hotel, subir en un ascensor que tenía puerta pero no compuerta,  hasta la última planta y una vez allí, subir unas escaleras pequeñas que comunicaban con un pasillo con varias puertas, una de ellas la de nuestra habitación.

El «hotel», a simple vista, estaba bien. Encontré un poco extraño que la recepción tuviese las luces apagadas y que fuese a la vez la entrada o el principio de lo que parecía una cafetería. Con lo cansados que estábamos tampoco dimos mucha importancia a nada. Queríamos subir dejar las cosas y ver cómo encontrar un sitio donde comer algo. Así lo hicimos.

Para nuestra sorpresa, nuestros planes estaban a punto de complicarse. Entramos en la habitación. Para empezar las luces eran opacas, le daban un aspecto de habitación de motel de carretera, el suelo era viejo pero nos dio un poco igual, la primera impresión era que las instalaciones eran antiguas pero nos daba igual.


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Dejamos las maletas y empezamos a inspeccionar. Encendí todo las luces posibles para intentar dar más claridad (no sirvió de mucho). Había una mesa con una silla de madera (vieja pero buen estado) en la que deje la guía que aún tenía en la mano y algún que otro papel de la recepción. Fui al baño y el aspecto era desagradable (comenté que lamentaba no haber llevado chanclas). No sabiendo que la cosa no terminaba ahí, corrí la cortina de la bañera y lo primero que ví fue una mancha amarillenta y todavía húmeda en la parte que rozaba la bañera. Lo único que se me ocurrió decir fue ¡aquí no me ducho!

Mientras comentaba mi descontento con la situación y el disgusto que me causaba la situación del baño, me fui a la cama. Al sentarme en una de las dos camas, me percaté que la de enfrente no estaba muy bien tendida, se podían ver algunas manchas en la parte del colchón que no estaba cubierto por la manta y que las sábanas tenían un color extraño. En teoría eran blancas pero no sabía si bien por la poca luz o por mi mala vista, pero se veían beige.

Todo me daba mala espina, me sentía incómodo y lo que estaba viendo no era lo que había visto en la página de Internet al reservar pero ya estaba allí y no podía hacer nada. Aún así, la cabeza no me dejaba de dar vueltas con lo mal que estaba todo. Me acerqué y cogí una de las almohadas y la aproxime a la luz (la gota que llenó el vaso). Se podía ver perfectamente como tenía una mancha de sudor.

Explote y me decidí a reclamar al recepcionista. Mi mi novia  y acompañante, con cara de no me lo puedo creer y cansada a la vez, me sugirió dejar las maletas e ir hablar pero mi cabreo y desconfianza eran tales que me negué ¡aquí no dormimos ni de coña!

Después de hacer todo el recorrido a la inversa y plantearnos frente al recepcionista, en inglés medio español le dije que no estaba conforme y que quería una solución. Con cara de circunstancia y medio en inglés me indicó que me asignaba otra habitación. Pensé que no podía ser peor pero ¡me equivoqué! El aspecto era el mismo, al baño ni entre. Nada más entrar se veía en el suelo resto de comida así que volví en busca de recepcionista.


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Esta vez me pidió que le acompañara a otra habitación en la primera planta sin salir del edificio. Mientras mi novia me esperaba a en la recepción, le dije que fuera buscando alguna otra opción en Internet. La cosa no pintaba bien, ya estaba enfadado, perdiendo la calma y dudaba en que el recepcionista lograra hacer que las cosas cambiarán.

Le acompañe y lo mismo. El aseguraba que las sábanas eran nuevas pero mi vista me decía que de nuevas nada. No sólo no eran nuevas, el olor me decía que ya habían sido usadas y encima la habitación no cumplía con lo contratado. Sin más, le dije que no quería solución y que no me quedaría. El recepcionista hablaba entre los dientes y en algo que me parecía neerlandés mezclado con francés mientras íbamos de vuelta a la recepción. Le había dado la noche.


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Me habría gustado decirle muchas cosas que me tuve que contener por razones idiomáticas. No nos entendíamos muy bien. Nos hizo una devolución exprés pero no me dio ningún documento con el que poder justificar que había acudido a la reserva y que no estaba conforme así  que le pedí justificante. No tenía muchas ganas y de malas ganas me dio un justificante de la devolución en la tarjeta de crédito.

Estábamos en las calles de Bruselas, en la noche del viernes, sin alojamiento, cansados y con mucha hambre. Por suerte, aún teníamos batería en los móviles y rápidamente realizamos alguna búsqueda para encontar nuevo alojamiento. En pocos minutos encontramos una habitación bien de precio en Siru Hotel. Sin hacer la reserva, paramos un taxi y nos dirigimos al hotel. Preferimos ir directamente y hacer la reserva estando allí.


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Menos mal no reservamos. Al llegar al hotel nos indican que todo está completo y que la habitación de la reserva estaría disponible para entrar al día siguiente (sábado).

¡A seguir buscando!

En la misma plaza había varios hoteles así que fuimos uno a uno pidiendo alojamiento. Todos estaban llenos hasta llegar a Crowne Plaza que tenía una habitación libre. No había mucha opción y aunque era algo más caro que lo que teníamos reservado pedimos habitación. Sólo nos podíamos quedar una noche porque para el resto de los días también estaba ocupado así que el resto de la estancia la hicimos en el Hilton Hotel que si tenía disponible a partir del día siguiente.

Esa noche sólo pudimos comer un sawich de la máquina del hotel pero pudimos descansar. Las instalaciones de ambos hoteles (Crowne Plaza y Hilton) son espectaculares. No es necesario ni comentar lo bien atendidos que estuvimos.

Conclusión

  • Antes de reservar un hotel mirar opiniones en varias páginas y de otros usuarios. No sólo ver las opiniones de las páginas del propio hotel ya que estas pueden ser manipuladas y no muy objetivas.
  • A veces vamos a lo más barato y resulta ser lo más caro. Hacer una buena comparativa antes de reservar.
  • Comprobar la ubicación antes de emprender el viaje. Evitar las sorpresas de última hora.

¡Por supuesto! Comparar precios, quizás pagar un poco más a larga sea más rentable.

No olvides dejar tu comentario, cuenta tu experiencia si te ha pasado algo similar o déjame tus preguntas y encantado te responderé con la mayor brevedad posible.

¡Muchas gracias y hasta la próxima publicación!

Imágenes del viaje

A pesar de las pequeñas complicaciones, el viaje terminó siendo exelente. Aquí las pruebas.

4 comentarios en «Mi primer día en Bruselas (Albert Hotel).»

  1. Menudo viaje , pero al final todo salió bien . Espero seguir leyendo mas post tuyos . Me gusta mucho como escribes se me hace la lectura muy amena y comprensible .

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  2. Eso muchas veces pasa por no consultar con alguien que conozca la ciudad que va a visitar, lo más probable es que un pariente o amigo tenga los conocimientos que a uno le falten !!!

    Responder

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